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Alcohólicos Anónimos vistopor la medicina

Dr. W. W. Bauer, Asociación Médica Norteamericana, 1955.

Reimpreso de(Ganar Aliados no. 17 Enero-Marzo 2005) con permiso de la Central Mexicana de S.G. de A.A., A.C.

Mi experiencia con Alcohólicos Anónimos retrocede a los días en que acostumbraba trasmitir, semanalmente, programas de radio en la cadena NBC y tuve el privilegio de emitir un programa bajo la orientación y dirección de uno de sus miembros del Área de Chicago. Desde aquel tiempo empecé a entender un poco de qué se trataba Alcohólicos Anónimos. Por supuesto, una persona como yo no podrá entenderlo plenamente. No soy psiquiatra como el Dr. Tiebout, de suerte que mi conocimiento empírico es sólo el de un practicante. No soy miembro de
Alcohólicos Anónimos y por lo tanto no tengo los antecedentes de experiencia que ustedes tienen, y afirmo con toda seriedad que me siento muy humilde en esta posición ante un grupo de gentes como ustedes.


Todo lo que puedo hacer es expresarles el sentimiento de la profesión médica. Un sentimiento que ha estado creciendo permanentemente a través de la vida de su organización y el cual, creo yo, puede ahora decirse que está totalmente cristalizado; es el sentimiento de que Alcohólicos Anónimos tiene una parte muy grande e importante en las respuestas que ahora poseemos para el problema del alcoholismo.

 


¿Qué es lo que AA no hace?


Sabemos, por supuesto, que el alcohólico es una persona enferma. Esto es una frase muy simple. Hoy en día es una frase que es aceptada amplia y generalmente. Y sin embargo, ustedes y yo, sabemos que no hace mucho tiempo el alcohólico era mirado como una molestia, una peste, una persona a la que podíamos despreciar si así lo deseábamos. Era mirado como un ser degenerado y como un inútil. Hoy en día sabemos que es un individuo enfermo, y que está enfermo en un área en la cual nuestra comprensión es tal vez la menor que existe en la medicina, es decir: «La enfermedad de las emociones».

 


Hoy en día, en algunos aspectos, estamos en la misma posición referente a la enfermedad emocional hace cincuenta años respecto a la tuberculosis. Mi memoria no llega tan atrás. Hace solamente treinta nueve años que salí de la facultad de medicina, pero por literatura anterior sé que en la mente de muchas personas persistía la idea de que la tuberculosis, una enfermedad infecciosa que ataca a las personas sin que exista culpa por parte de ellas, era una desgracia. Las familias escondían
frecuentemente a la persona tuberculosa, así como hoy en día esconden al alcohólico. Puedo recordar muy bien, así como todos los médicos qué están en esta reunión, cuando teníamos las mismas actitudes respecto al cáncer.


El cáncer era visto como un estigma, como una maldición, algo para esconderse porque tal vez se reflejaba sobre toda la familia. Hoy en día sabemos que el cáncer es una calamidad y estamos empezando a darnos cuenta que  debemos adoptar, respecto a las enfermedades mentales y emocionales, la misma actitud que hemos adoptado penosa y lentamente hacia la tuberculosis y el cáncer. La enfermedad de las emociones ya no es algo de lo cual debamos avergonzarnos más que de cualquier otra enfermedad del cuerpo. Ya no deberíamos vacilar para consultar al psiquiatra, excepto por la escasez de estos especialistas, de la misma forma que no vacilamos para consultar a un ortopedista cuando tenemos un pie  fracturado.

 

Nosotros también debemos aprender que hay situaciones de batalla para nosotros, en las cuales debemos tener miedo, miedo que será más fuerte en unas  personas que en otras. No es para ufanarme que yo, como individuo, no me sienta tentado por el alcohol. Yo tengo mis propias tentaciones. Tengo la tentación del tabaco y de la comida, y existe tanta intemperancia en ceder a estas tentaciones como la que existe en ceder a la tentación que, para ustedes y muchos otros, ha sido o es el alcohol.


Por ello en la profesión médica agradecemos el tener esta asociación y colaboración con Alcohólicos Anónimos. Necesitamos colaborar con ustedes, así como ustedes lo necesitan con nosotros, para resolver este problema del alcoholismo. Ustedes han llegado por caminos distintos a algunas de las mismas soluciones que la medicina ha encontrado en el tratamiento del alcoholismo. Hemos aprendido, por ejemplo, que la terapia de grupo es muy valiosa en ciertas situaciones. Supongo que la primera indicación de la terapia de grupo en medicina, por lo menos en la medicina moderna, fueron las reuniones de futuras madres, donde estas señoras expectantes se  reunían para aprender lo que les estaba sucediendo y encontrar el por qué y el cómo actuar en determinada forma a este respecto.


Por ello he venido ante ustedes con gran sentido de agradecimiento por haberme invitado. Vine, como he dicho, para presentarme ante ustedes humildemente y admirar los grandes resultados obtenidos, y para decirles que nosotros, los de la profesión médica, tenemos la confianza de que tales resultados crecerán más y en forma más importante a medida en que el tiempo transcurra, porque ustedes se han colocado en el camino ascendente. Además han tenido y siguen teniendo la mano bondadosa para ayudar a aquellos que lo necesitan.


A.A. llega a su mayoría de edad,
pág. 239, 1957.
Dr. W. W. Bauer, Asociación Médica Norteamericana, 1955.